“Es difícil que se produzcan cambios en los hábitos lectores si no se facilita el acceso a herramientas de lectura en formato digital”

08/06/2017 0
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En Proyecto451 estuvimos entrevistando a diversos referentes de la industria editorial en Argentina, con el fin de que nos aporten su visión sobre el estado actual del sector, la incorporación de las nuevas tecnologías y el futuro del libro.

En esta oportunidad, estuvimos conversando con  Gonzalo Álvarez, presidente de Eudeba, quien nos habló de las claves de la estrategia digital llevada adelante por la editorial universitaria y de cómo la premisa que acompañó a la fundación de la editorial en los 60, de producir libros económicos y accesibles para todos, se pudo trasladar perfectamente al formato digital.

Entrevista a Gonzalo Álvarez, presidente de Editorial Eudeba

Por Laura Santaniello

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“El impacto de las nuevas tecnologías en el campo editorial representa una actividad de innovación, y la innovación es algo que está implícito en las tareas de una editorial universitaria”, así justifica Gonzalo Álvarez, presidente de Eudeba, la incursión de la editorial en el ámbito digital. “La editorial universitaria para nosotros, como la concebimos, debiera ser el lugar donde más fácil resulta tener una actitud innovadora, porque ese es el lugar de la universidad, donde el saber, lo conocido, tiene que ser puesto en discusión y el objeto de estudio ser indagado y cuestionado y eso permite explorar nuevos horizontes”.

Allá por el 2011, desde la editorial lanzaron “Eudeba Digital”, una serie de acciones de innovación relacionadas con lo digital. Todas las acciones que se desprendieron, y se desprende, a partir de ahí tienen que ver con el contacto con las nuevas tecnologías en el campo editorial.
Como primera pata de estas acciones, desarrollaron un sitio e-comerce propio que les permitió la venta y distribución internacional del libro papel (y luego el digital), brindando la posibilidad de que se pueda comprar desde cualquier lugar del mundo.

“Lo que veíamos concretamente es que los editores, cuanto más consolidados estaban en el campo editorial, su actitud frente a las nuevas tecnologías era conservadora e incluso refractaria, sobre todo por las dudas que tenían, y que algunos hoy todavía tienen, de cómo podía eso impactar en el modelo de negocios que conocían y que ya estaba aceitado y resultaba. Había tanto en editores como en libreros, una actitud más bien opositora. Y esa actitud opositora se manifestaba de esta forma: en los editores no ofreciendo sus libros en formato digital, luego ofreciéndoles en formato digital pero con un precio similar al papel con lo cual los lectores obviamente preferían el objeto que sale lo mismo que un archivo que parece una cosa medio efímera; y en en el caso de los libreros, directamente no poniendo tiendas digitales más allá de la tienda para la venta del físico, pero no una tienda digital para la venta de libros digitales. Las grandes tiendas siguen siendo hoy en Argentina en papel”.

Frente a este panorama, Álvarez reflexiona que en una editorial universitaria, que tiene menos exigencias desde el punto de vista de su desempeño económico ya que no hay una finalidad de lucro, no hay razones para no innovar. Y agrega: “intuíamos que la edición en formato digital nos permitía dar un paso más para cumplir algunos viejos objetivos de la editorial que están muy metidos en la propia historia de esta editorial”.

Y uno de esos objetivos es el de hacer libros a un costo muy accesible. “La política de precios que utilizamos es una política de precios económicos y veíamos que en la edición de libros en formato digital eso podía solventarse, bajar más aún los precios, facilitar el acceso a los libros, tal es así que antes de entender muy bien cómo era la estructura de costos exacta, tomamos una decisión no muy sujeta a visión empírica: pusimos los libros digitales a mitad del precio papel y subimos al 25% los derechos de autor para que no vean como un desaliento el hecho de que estábamos haciendo una política de precios muy agresiva en lo digital y no parezca una falta de incentivo al reconocimiento de los derechos de autor. Eso nos permitió tener libros a precios muy accesibles. De hecho en algunos segmentos empezamos a probar estrategias un poco más arriesgadas. Por ejemplo, en el caso de libros para la enseñanza, pusimos precios más bajos todavía, sobre todo cuando competían con las fotocopias. En realidad no era una competencia, la fotocopia desplazaba la compra de libros, por eso los pusimos a un precio igual o menor, sin analizar la estructura del costo del libro, porque cualquier facturación en ese rubro, cualquier cosa que le sacáramos a la fotocopia era un 100% más de lo que teníamos. Y la verdad que empezamos a ver un crecimiento en las ventas a partir de estas estrategias”.

Allá por los años 60, José Boris Spivacow, primer gerente general de Eudeba sostenía que un libro no podía valer más que un kilo de pan. Este pensamiento encajaba perfecto en la idea de que Eudeba tenía que generar libros no sólo económicos, sino accesibles para todos, que no es lo mismo. Por esos años incursionaron en la distribución en kioscos de revistas, “desacralizamos un poco el libro académico, haciendo que circule en lugares y de formas no tradicionales”. “La distribución digital sobre todo el e-comerce, nos permitió tener el libro a disposición de lectores lejanos. Para el libro académico circular en el exterior es muy complejo. La distribución internacional es compraventa en firme, es decir que por ejemplo un distribuidor español difícilmente nos pida un libro si no está seguro de que lo va a vender. Se piden cantidades pequeñas, limitadas. Eso hace que los libros no estén disponibles en las librerías, se quedan en las estanterías del distribuidor, lo que hace que en los hechos los libros no se conozcan y en consecuencia no sean demandados por los lectores. SI el libro está ofertado en un sitio de e-comerce, sea en formato papel o digital, es mucho más visible”, agrega Álvarez.

“Así empezamos a ver como, además de la faceta innovadora, las nuevas tecnologías podrían ayudar a cumplir los viejos objetivos de la editorial: libros para todos, baratos, que puedan circular fácilmente, libros accesibles, la editorial académica como una herramienta de la propia universidad para incidir en una política de distribución social del conocimiento”.

Con el fin de mantener esta impronta innovadora que la editorial lleva desde sus orígenes, Eudeba decidió experimentar con un negocio no muy habitual en las editoriales argentinas, como ser la venta de un dispositivo de lectura de tinta electrónica al que llamaron Boris, en homenaje a Spivacow. “Para nosotros ofrecer un eReader hoy y ponerlo a disposición de los lectores es cubrir una demanda y necesidad de ellos. Si hubiera una serie de jugadores tecnológicos en el mercado argentino que dispusieran a precios muy accesibles lectores en formato digital, seguramente nosotros no hubiéramos hecho nada ahí, porque no podríamos competir, no lo creemos como una función central de la editorial. Pero cuando empezamos con Eudeba Digital en 2011 rápidamente nos dimos cuenta que era necesario acompañar ese proyecto con una acción más concreta”.

Y esta fue la tercer pata de Eudeba Digital. La primera, fue el e-comerce en papel y digital, la segunda la digitalización de todas las novedades y la tercera poner a disposición de los lectores un eReader a un precio muy accesible. En un principio fue el Papire, un eReader producido por una empresa española. Al tiempo, debido a las dificultades para importar el dispositivo y por una estrategia propia, decidieron canalizar esa necesidad y luego de analizar proveedores lanzaron el Boris. La estrategia fue la misma, poner un dispositivo al precio más accesible posible. “El Boris actual tiene todas las prestaciones, es touch, pantalla táctil, tiene retroiluminación, WiFi, un equipo completo de lectura y aun así es de los más accesibles en argentina, tenemos un precio promocional para la comunidad universitaria, porque queremos incentivar el uso en el propio ámbito de la universidad que es una primera obligación, generar accesibilidad a la comunidad UBA (Universidad de Buenos Aires) que son 350 mil personas y la idea es seguir ofertando otros equipos, queremos uno que sea más básico sin agregados, para que podamos ponerlo más barato y trabajar un mercado de gente donde el precio es lo decisivo al momento de tomar una decisión”.

“Nos fue muy bien con la estrategia, agotamos el año pasado los que trajimos, este año estamos camino a lo mismo y eso marca que hay una demanda muy poco atendida en Argentina, que es la que en definitiva está condicionando la expansión del formato digital”.

Las limitaciones del desarrollo del libro digital en Argentina
“El mercado de libros digitales en Argentina es muy escaso. Tan escaso que es difícil medirlo. Según las informaciones de la CAL (Cámara Argentina del Libro) y otras fuentes, prácticamente no existe, pese a que se editan casi el 6% de los libros en formato digital. Es una cifra un poco mentirosa porque en realidad se identifican como libros en formato digital las versiones digitales de libros que ya existen en formato papel, porque el ISBN es distinto, si fuera el mismo, no sería un 7%. Hay más libros en formato digital editados que vendidos, solo el 1% del mercado es venta en formato digital. Es prácticamente testimonial”, reflexiona el presidente de Eudeba, quien considera que para empezar a revertir esta tendencia, hay hábitos de lectura y de acceso al libro que hay que modificar.

“La lectura en formato digital tiene un potencial muy grande pero es difícil que se produzcan cambios en los hábitos de lectura si no se facilita el acceso a herramientas de lectura en formato digital”.

“En Argentina hay una oferta muy limitada de eReaders, por eso la gente tiene menos oportunidades de toparse con un de estos dispositivos y tener una experiencia de lectura digital y en todo caso adoptarla. Hay algunas cadenas de retail que venden algún dispositivo, pero son muy pocas, la oferta es baja, no hay ninguno de estos grandes jugadores como pueden ser Kindle o Amazon o Kobo que estén hoy acá haciendo sus productos. Y una de las cosas que uno ve en términos comparados con otros mercados es que la presencia de grandes agregadores digitales ofreciendo no sólo contenidos en formato digital en el idioma español, sino más dispositivos de lectura a un precio accesible, son ingredientes necesarios para que se expanda la lectura en formato digital y acá no están dados esos factores”.
Gonzalo reflexiona también sobre otro de los factores que él considera que limita la lectura digital y su desarrollo y es la renuencia de muchos consumidores de argentina al uso de la tarjeta de crédito para hacer transacciones en Internet. “Esto ha ido cambiando igual en los últimos 5 años, pero es cierto que la tasa de uso de tarjeta de crédito para e-comerce es muy baja en Argentina comparado con lo que ocurrió cuando irrumpió la lectura digital en otros mercados que tenían a la gente más acostumbrada a comprar muchos otros productos en e-comerce”.
“Otro dato relevante para que haya más estímulo a la lectura digital es el precio de los libros. Algunos de los grandes editores que hasta no hace mucho tenían los libros en formato digital a un 80 o 90% del valor papel, hoy ya lo están vendiendo al 50% del PVP papel. Eso ayuda”, agrega.

“Es cierto que hay un lector que es coleccionista de objetos que va a seguir prefiriendo tener en su biblioteca el libro físico y eso hace que en realidad el mercado de libros en formato digital tenga un techo. Lo hemos visto en otros mercados como en EE.UU. por ejemplo, donde hace un tiempo la venta y lectura en formato digital se amecetó. En un cuarto del mercado, tuvo un crecimiento muy rápido y luego se quedó. Eso explica que hay muchos lectores que no están dispuestos a sustituir la lectura en formato papel, hay muchos lectores que son coleccionistas de objetos aparte de lectores y la biblioteca en una pared de la casa sigue siendo un recurso cultural buscado por muchos”.
“Hay un dato muy interesante que brinda Kobo y va un poco contrario al sentido común que es que la mayor cantidad de lectores de eBooks, contrariamente a lo que uno supondría, no son gente joven, sino más bien adultos mayores. La lógica indicaría que la gente joven está más familiarizada con la tecnología, que son personas que han nacido en ese entorno y eso favorecería el consumo de la lectura en formato digital, sin embargo, las personas que más usan los eReaders son adultos mayores. Y creo que es por una sencilla razón. Les cuesta el contacto inicial con la tecnología, pero una vez que lo hacen, los dispositivos de lectura digital les permiten un aumento del tamaño de la letra que hacen superar la dificultad que tienen la mayor parte de las personas mayores que es la vista. Se puede aumentar el tamaño, tienen una iluminación cómoda, son fácilmente transportables. Los adultos mayores tienen mucho más tiempo de lectura por eso venderles libros baratos en formato digital con lectores que permiten leer en formas más accesibles es un buen negocio. Resulta interesante ver como la nueva tecnología resuelve problemas a personas no necesariamente familiarizadas con ellas”, concluye Álvarez.

El rol del editor de cara al nuevo panorama digital
Para el presidente de la editorial universitaria, el rol del editor de cara a lo que viene será el mismo, pero ofreciendo una visión mucho más amplia, pensando que los contenidos que se editan pueden tener múltiples plataformas donde distribuirse y a través de las cuales los lectores pueden acceder. “Es cierto que debido al impacto de las nuevas tecnologías en el mundo de la edición, algunos de los contenidos tradicionalmente canalizados a través del libro en formato papel, han emigrado a otros formatos, como es el caso de las guías de viaje, por ejemplo. Hay otros contenidos que van a seguir siendo libros pero uno puede generar múltiples formas de acceso por parte de los lectores a sus contenidos, en formato papel, digital, inclusive el uso de aplicaciones que permiten que algunos contenidos tengan interactividad, el universo de la multimedia para algunos segmentos como el libro infantil o el de texto, así que en principio creo que los editores tienen que estar atentos a las nuevas tecnologías que permiten ampliar las posibilidades de su tarea, que es poner a disposición de los lectores los contenidos que edita”.

¿Y cómo impacta todo esto en el oficio?, “Bueno, no lo tenemos muy claro. Pareciera ser que el oficio de curador de contenidos, no importa el ámbito donde sea, sea la edición tradicional del libro en papel, o de los contenidos en formato digital en la web, va a seguir existiendo, porque la tecnología genera accesibilidad pero al mismo tiempo inaccesibilidad porque hay tanta información disponible que uno se pierde. Por eso son necesarios curadores que den confianza, que hayan hecho selecciones idóneas… la tarea del editor va a seguir vigente, aún en el entorno digital, lo que pasa es que ese entorno va a darle más herramientas para tomar nuevas formas de contacto con sus lectores, en definitiva, más posibilidades de hacer el trabajo”.


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