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Hace tiempo venimos hablando de una nueva era en la industria editorial donde los lectores mandan sobre qué y cómo quieren consumir el contenido, pero también donde los autores se arriesgan más a publicar sus obras de manera independiente. Basta con señalar que, en promedio, 40 de los 100 libros más vendidos en Amazon (la principal empresa que apuesta por la autopublicación en el mundo) corresponden a títulos autopublicados. Otro dato contundente que da cuenta del fenómeno: entre el 2011 y el 2016 se publicaron más de 800.000 libros bajo la modalidad de autopublicación en los Estados Unidos (según lo releva Bowker, la agencia que registra el ISBN en los Estados Unidos). Y tengamos en cuenta que en 2006, cuando se presentó por primera vez el Kindle, solo había registradas unas 80.000 obras bajo esta modalidad. En América Latina ocurre un fenómeno similar. Entre los años 2006 y 2016, se registraron 88.819 libros bajo el signo de autopublicación, marcando un 351% de incremento durante ese periodo.

Las nuevas tecnologías ampliaron enormemente las posibilidades que tiene un autor de publicar sus textos bajo el supuesto de varias promesas: obtener mayores márgenes de ingresos que los que un editor le puede ofrecer, una mayor autonomía sobre cuándo, cómo y dónde se publica su obra y un mayor control sobre la misma. En este contexto de un fenómeno en pleno crecimiento, ¿cómo fue su evolución en los últimos años?, ¿cómo se modifica o se ve afectada la industria?, ¿cuáles son los desafíos que enfrentan los editores? Estas son algunas de las preguntas que Daniel Benchimol intenta responder en este artículo y que se verán reflejadas en el documento “Análisis del panorama de la autoedición en América Latina” que está elaborando y será publicado en enero del próximo año (CERLALC, 6 minutos).


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